13.10.19

Se supone que hoy le vamos a plantar cara a todo. Mamá esta enojada por la falta de interés en la vida, mi vida, en general. Y no la culpo, estoy con muchos problemas ahora con los que honestamente no quiero lidiar. Soy un maldito perdedor. Es bueno aceptarlo de vez en cuando. En mi caso, casi siempre. Es lo que soy. No creo que valga la pena seguir ocultándolo por mas tiempo, porque estoy muy cansado.

He llegado a la conclusión que esta ciudad me tiene harto. Todas esas miradas, todos esos prejuicios. Me han llevado de vuelta al pasado, cuando me recluía de la sociedad, cuando no tenía amigos o conocidos al menos. Vivía deprimido, gordo y solo. Es triste ver como todos aquellos que he amado de alguna forma desinteresada, me han dado la espalda y han continuado con sus vidas. Tantas sonrisas falsas, tantas apretones de manos y tantas promesas de permanecer o contar con ellos cuando lo necesitara. Pura mierda.

Acabo de ver una película relacionada a Breaking Bad, una precuela le dicen, se estrenó hace unos días. La cual me transporto a muchos años atrás, cuando empezamos a verla, entonces me conecté con el pasado y eso me hizo sentir bien, porque la nostalgia me asienta genial, ya se sabe, soy un hombre de recuerdos. En esencia toda la película gira entorno a un cambio de vida, un inicio o mas bien un reinicio más fresco, una nueva chance de hacer las cosas, una maldita segunda oportunidad. 
De cierta forma, he sentido que todo el mundo de forma sutil me ha dicho que cambie de vida, pero me he negado porque soy un egoísta, un necio y un desgraciado. Pero hoy con mucha inseguridad y poca confianza le quiero dar la contra, ya que de eso sé mucho. Y si acaso tengo exito, espero inmortalizarlo.

Así que aún no te acabes maldito año malparido, aún no he acabado contigo. Este es mi nuevo comienzo, mi maldita segunda oportunidad, haré las cosas bien esta vez.



11.10.19

Recuerdo aquellas tardes solitarias en el mirador, cuando nos encontrábamos a solas y nos drogábamos para olvidar nuestros problemas, para evitar al mundo y quizás en algún punto, soñar muy lejos. Estábamos completamente solos y por eso nos entendíamos bien. 

Fue difícil complementarnos, llegar a conocernos y aceptar esos silencios incómodos tan bien. Intentamos leer en muchas ocasiones, producto de alguna loca y tonta idea mía para volvernos sabios y elegantes. Que mentira nuestra más adorable. Tú y yo preferíamos las películas o la música. Porque así aprendimos o así nos enseñaron, no importa la historia es nuestra, los demás no dan la hora. 

La gente nos miraba con ojos de prejuicio y hablaban de nosotros con palabras de burla pero eso no nos importaba. Estábamos juntos y eso era suficiente, no hacía falta nada ni nadie más. Mi parte favorita de nuestras largas sesiones eran los cigarrillos y el café, tu parte favorita el alcohol y un poco de cafuné. 

Soñábamos con ser eternos, con ser nuestros incluso en el infierno. Soñábamos con vivir lejos y ser la envidia de todos esos pendejos, a quienes llamamos alguna vez amigos, quienes nos juraban con el éxito asegurado, sin saber que el futuro nos esperaba con mucho llanto y orgullo. Éramos muy jóvenes, entonces concluyo, o talvez muy tontos. 

Han pasado diez años y todavía sigo aquí, espero que algún día pueda verte de nuevo.