14/4/19

Un día normal.

Hace unos días recordé que estoy solo. Literalmente no lo estoy, es decir, cuento con la gente que me quiere o que pienso que es así. Que sienten aprecio por mi y que yo realmente puedo contar con ellos. Pero puedo estar equivocado y puedo no tener a nadie más que a mi.

Como sea, no me he cobijado bajo el calor de una relación por mucho tiempo y realmente he meditado al respecto. En el proceso han pasado muchas cosas y también muchas personas. He probado otra vez aquella droga que descarrila mis pensamientos y he tenido tanta tensión sexual que podría escribir unas cuantas historias interesantes sobre ello.

31/3/19

No me dejes.

Ha sido un día tranquilo, cero presiones, cero stress, cuando de pronto, caminando por la plaza tupida de gente innecesaria, te vi y recorde aquellos tiempos cuando cogíamos hasta en el mismo cuarto en el que dormía nuestra tía. Muy en el fondo admito que sé que ella confabulaba con nosotros, se sumergía en esta complicidad para luego obtener beneficios, ciertos favorcitos.

Quizás no son recuerdos memorables pero es lo que se me viene a la mente al verte pasar, tan despreocupada, abordada por tus propios problemas, resuelta de cierta forma, pero sobre todo digna. Quizás te extraño un poco y quizás tu me odies tan solo eso ahora. Es un alivio pensar así, aunque podría ser no cierto y entonces la realidad pintaría todo ese rencor enfrascado que guardas en tu corazón, esperando a encararme algún día lejano que aún no llega, que yo ignoro y que espero no suceda. Pero prefiero pensar así, como el despistado que soy y que siempre he sido.

20/3/19

Disimuladamente nuestro.

Quisiera escribirte, como antes, como cuando jugando a versarnos, terminamos listos para amarnos. Quisiera, yo ahora, ser en quien tus ojos posen su mirada, para que me brille la vida, para que me brille el alma.

Te quiero, y ojalá tu corazón coincidiera con el mío, que mi suerte no se acabara, que nuestras despedidas no nos mortificaran. Te quiero porque quiero de tu querer, tan tuyo y a la vez tan mío. Y te quiero, si acaso, porque soy tuyo y queriéndote soy feliz.

Ruego que la vida me regale los años que me hagan falta para verte, para besarte y abrazarte. Que tus ojos me guién a tu verdad. Y que tus palabras me guarden y aguarden tus labios, tal vez, el reposar sobre los míos. Que podamos entrelazar cuerpo y alma y ser lo que siempre fuimos, nuestros.

19/3/19

El título que quieras.

1825 noches, y algunos atardeceres más, en cada estrella yo te he visto, no he dejado de pensar en tu sonrisa, en tus letras, en tu memoria. Desde que hemos estado, nos hemos visto de lejos, o de cerca, pero siempre mirándonos, coexistiendo en el mismo universo. Hoy, vengo ante ti, con esto, que no he sabido plasmar o expresar de forma poética o correcta, me he sentado a escribirte, con el café en una mano y el lápiz en la otra.  Mi corazón aferrado, no acepta una noche más sin ti. Hurgo en mi memoria, y solo te hallo a ti, tan sublime, tan encantador, con esa envolvente forma de pensar; tú crees en los horóscopos, yo creo en la casualidad.

7/3/19

Surrender.

Creo que debo ser un tonto para creerte aún cuando sé que mientes y pasas de mi, mientras vuelas, desplegando lo que jamás podré tener. Entonces debería persuadir a mi dignidad un poco más, quizás, debería nadar en tu fantasía por otro tanto y, entre horas, volver a la realidad, para no perder el sentido, el rumbo, la estabilidad.

Hay que darle tiempo al tiempo, pero cariño seamos honestos y tengamos el coraje, tú para admitir y yo para aceptar, que esto es solo un pasatiempo tuyo, que la realidad se siente como un pequeño purgatorio, un tanto asíntota, casi borrosa, distópica, como el goce de una mente ingenua, que peca con confianza, eligiendo al corazón antes que la razón. Me quedo pues para ver el final de esta epifanía, para presenciar un desenlace poco creativo y casi predecible, escrito con este lapiz sin punta al que llamo imaginación.
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