28/2/19

Catarsis.

A mis veintidos años de edad, solo tengo memoría de haber rechazado el amor de tres personas, pude no haberlo hecho pero no puedo fingir tal sentimiento por ningún motivo ni razón, debo sentirlo. Estas personas tuvieron mucho interés en mi, por supuesto que sentí cierto halago por la atención especial que me ofrecieron, pero jamás dejé que mis sentimientos se involucraran entre sábanas ni palabras.

Muchas personas se jactan de sus conquistas, es algo que me parece repudiable, detestable, deshonroso hacia quien en algún momento nos confío mas que el corazón, el alma, y mírenme nada más. A veces reflexiono si hice bien o si quizás cometí una estupidez, cierto es que pude ser feliz, muy feliz, con alguna de ellas, pero no puedo culparme por haber tenido la cabeza en otro lado, distraído siempre he sido.

Me he cruzado muchas veces con estas personas, en distintas etapas de sus sentimientos hacia mi. Y debo confesar que guardo arrepentimiento por mis decisiones, mi suerte se ha acabado hace mucho y no he encontrado otra alma desdichada con gustos peculiares como para gustarle ni de pena. Pienso que mis años mozos han concluido insatisfactoriamente. Atravesar aquellos campos minados de sus miradas fue lo más difícil, todo ese desprecio, todo ese rencor y toda esa buena fortuna que se les ha deparado luego de superar tantas cosas en la vida junto con mi rechazo.

Pero me convenzo que la vida les tenía algo mejor a todas ellas, que yo solo era un ejemplo de ave de mal agüero que uno debe evitar a toda costa, pues todas mis relaciones sentimentales han sido completamente un fracaso y ahora solo me reconforto tristemente creyendo mi propio engaño, pues no me queda nada más.
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