20.3.19

Quisiera escribirte, como antes, como cuando jugando a versarnos, terminamos listos para amarnos. Quisiera, yo ahora, ser en quien tus ojos posen su mirada, para que me brille la vida, para que me brille el alma.

Te quiero, y ojalá tu corazón coincidiera con el mío, que mi suerte no se acabara, que nuestras despedidas no nos mortificaran. Te quiero porque quiero de tu querer, tan tuyo y a la vez tan mío. Y te quiero, si acaso, porque soy tuyo y queriéndote soy feliz.

Ruego que la vida me regale los años que me hagan falta para verte, para besarte y abrazarte. Que tus ojos me guién a tu verdad. Y que tus palabras me guarden y aguarden tus labios, tal vez, el reposar sobre los míos. Que podamos entrelazar cuerpo y alma y ser lo que siempre fuimos, nuestros.

Ojalá mis líneas puedan demostrarte que te amo de la única forma que sé amar, dibujándote con palabras, trazándo fantasías con versos y aventurándonos a lo que nos espera más allá de la razón, donde solo nuestro corazón gobierna nuestros sentidos y nos entrega al abismo profundo de aquel amor que ya conocimos.

Llévame contigo, a tu lado y de la mano, pero llévame, que muy ilusionado estoy y contra ese sentimiento no puedo hallar ningún antídoto. Por eso sé conmigo, seamos, y huyamos, a donde podamos amarnos y convertirnos en fragmentos etéreos por la eternidad, nuestra eternidad.



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