31/3/19

No me dejes.

Ha sido un día tranquilo, cero presiones, cero stress, cuando de pronto, caminando por la plaza tupida de gente innecesaria, te vi y recorde aquellos tiempos cuando cogíamos hasta en el mismo cuarto en el que dormía nuestra tía. Muy en el fondo admito que sé que ella confabulaba con nosotros, se sumergía en esta complicidad para luego obtener beneficios, ciertos favorcitos.

Quizás no son recuerdos memorables pero es lo que se me viene a la mente al verte pasar, tan despreocupada, abordada por tus propios problemas, resuelta de cierta forma, pero sobre todo digna. Quizás te extraño un poco y quizás tu me odies tan solo eso ahora. Es un alivio pensar así, aunque podría ser no cierto y entonces la realidad pintaría todo ese rencor enfrascado que guardas en tu corazón, esperando a encararme algún día lejano que aún no llega, que yo ignoro y que espero no suceda. Pero prefiero pensar así, como el despistado que soy y que siempre he sido.

No es ni la primera vez que cruzamos nuestra existencia en plena vía pública y sé que no será la última que volveré a bajar la mirada ante la tuya, puedes estar orgullosa, me marcaste, pero sacrificaste tu orgullo. De hecho ambos lo hicimos, quedamos impregnados de deseo, de odio, de todo aquello que es despreciable para tus ojos y que te tragaste como pudiste porque aprendiste a amarme sobre todos mis defectos. Quizá a ti no te curé, quizá. Pero es posible que tú a mi, sí.

Nada es reparable, no en esta situación, no a través de estas líneas y menos en esta vida. Pero estoy seguro que no nos olvidaremos de lo que sentimos ni de lo que dijimos, menos aún de lo que hicimos. Así que brindo por nuestro recuerdo. Por lo que prometimos, por lo que planeamos y por todo aquello que creimos de tontos, de ilusionados, de locamente enamorados.

Entre el hedor de aquel burdel que frecuento, entre el sudor de nuestros cuerpos, y el de la puta que me cogía sin gracia ni placer, tuve una epífanía, quizá debí pedirte perdón, quizá no debí burlarme de ti y ser un hijo de puta con tus sentimientos. Me prometí aprender portugués, como para rememorar aquel momento donde a luz de luna me rogaste que no te dejara, mientras tus lágrimas empapaban mi orgullo y me rejuvenecían el alma.

¿Será que piensas en mi o en lo nuestro cuando estás en silencio?

Ojalá y pudiéramos perdonarnos.
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