27/4/19

Trágica metamorfosis.

Este año es decisivo. No se que tanto, pero lo es. Sucede que ya acabo la carrera universitaria y la verdad no puedo tragarme todas esas responsabilidades que conllevan crecer y ser adulto. Es decir ya lo soy, lo cual es irónico, pero de la forma en que muchas personas que aprecié en algún momento, lo ponen pues tienen razón, no he crecido y sigo siendo un niño, con maña y codicia, pero infante contra todo pronóstico. Y no es que me sienta orgulloso, de hecho me averguenza. Me ha cambiado la voz, aunque levemente, pero es un logro y me siento mediocremente orgulloso de ello.

Decidí retarme a mi mismo pero sigo sin hallar esa motivación de cuando tenía 17 y quería comerme al mundo. Vivo enterrado en el pasado y si no es poco también aferrado a él. Entonces de pronto creo que volveré a ser quien era. Pero eso no sucederá. Y es trágico que lo entienda después de dos años. No fue fácil pero busqué la forma y no la encontré. Me rendí, y renuncié como en muchos aspectos de mi vida que se han descarrilado y escapado de las riendas de mis manos.

No soy una persona religiosa, nunca lo he sido y creo que mis padres lo notaron desde siempre. Y aunque buscaron muchas formas, desde mi muy temprana edad, para que me integrase y le entregase mi vida a la religión, yo jamás he cedido, ellos lo saben y lamentan haber criado un mundano. Pero es así. Sin embargo y de manera muy contradictoria diría que si creo en Dios, en su existencia plena y su protección. Pero no congrego y ya, se tenía que decir y se dijo muchas veces. Pero nada cobró fuerza hasta que me hice mayor y toqué la pubertad. Mis padres siempre me inculcaron buenos valores y principios. Pero el que más me impactó fue el de diezmar.
Hoy me tocó hacerlo, y confieso que es una práctica de éxito, es decir se trata de entregarle a Dios lo que le pertenece, que es solo el diez porciento de lo uno gana.

Una vez se lo comenté a una amiga muy cercana con la que había perdido contacto desde que terminé la secundaria. Después de una intensa plática y su obvia reticencia hacia la práctica de tal hábito en cuestión, atinó a decirme "entonces lo usas cábala". Lo que me puso en desventaja pues sé que para mi puede ser eso o simplemente el seguimiento de una simple norma para pasar desapercibido antes los ojos del creador. Creí camuflar mi hipocresía pero para sus ojos clínicos resulto una pérdida de tiempo. Desde entonces me dije que jamás intentaría convencer a nadie de seguir mis pasos, bueno nunca he deseado eso y creo que recién me pasa factura. La verdad es que no soy un ejemplo a seguir y menos un líder.

Por lo pronto debo atravesar el desarrollo de mi tesis, por tercera vez, dos prácticas pre profesionales como indica la facultad para luego obtener el grado de bachiller y por si no fuera poco, adelgazar y flirtear el amor de una treintona.
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