7.6.19

La vida no ha sido muy amable últimamente. Las personas que se han robado mi corazón han huido tal y cual ladrón que acapara su botín luego de maquinar y realizar su trabajo a precisión. Mi familia esta más desunida que nunca y justo ahora acabo de recibir quizá el último obsequio de alguien a quien admiré mucho. Comparto mi engaño porque me niego a aceptar profunda y despechadamente que de admiración solo tengo palabras y es más amor con resentimiento. Estoy muy apenado, demasiado triste como para entrar en detalles. Sin embargo no dejo de admirarme del hecho de que al final del día envidio su conveniente fortuna y su cobijo en sábanas ajenas. Son celos, dolor y resentimiento líquido fluyendo entre mis venas. Ojalá pudiera alcanzar esa suerte y llevar un vida feliz al mismo tiempo. No es mi caso.

A la única mujer a quien he amado realmente ya no le creo sus promesas. Y como entusiasta derrotado deshago las mías, pues supongo que bajo el misterioso concepto del tiempo las promesas cobran caducidad y esto me lleva a una encrucijada entre el pasado y la puta realidad. Creo que jamás olvidaré la desgarradora sensación de liberación.

La última pieza valiosa y atesorada de mi corazón se quedó varada dentro de un bucle en la eternidad de "un quédate porfavor y olvida todo lo que dije" no pronunciado. Dudé, pero al final zarpé como marinero no anunciado a lo desconocido, y ahora la vida ahora se torna distinta y aunque he luchado por muchos años para salir de estos muelles, ahora que estoy liberado debo confesar que hace frío, hace mucho frío aquí. Y odio la vida así, de este color gris, por ello juro extrañar todo lo que me hizo feliz y todo lo que aunque infeliz y desangrado hasta morir, me hizo sentir vivo. En mi despedida mis labios no tenian nada para pronunciar y sin embargo mi corazón se ahogaba en palabras.

Finalmente preferí concederme la duda de no saber a que sabían sus besos y que tanto brillaban sus ojos, prefiero ahora y me resigno después, a vivir en la incertidumbre que alguna vez me hizo fuerte y me dio la seguridad de relucir a gala mi casi intacto corazón. Pues comprendí que ya no habían lágrimas ni partidas tristes para mi, que ya no existía la compasión de palabras cálidas ni mucho menos caricias delicadas de sus manos hermosas. Prometo ser fuerte y buscar mi estrella, la ruta de mi constelación, para que en la distancia pueda verme brillar y si su corazón lo permite, sonreír con los ojos inundados por el recuerdo, nuestro recuerdo.



Comments are closed.